3 de mar. de 2022
Lecciones sobre salud pública
Coverage se enorgullece de publicar columnas que comparten la perspectiva de médicas afroamericanas pertenecientes a la red de Diva Docs del área metropolitana de Boston. En el artículo de hoy, la Dra. Bisola Ojikutu, especialista en enfermedades infecciosas, profesora adjunta de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y una distinguida investigadora de equidad en la salud a nivel nacional que además fue nombrada directora ejecutiva de la Comisión de Salud Pública de Boston en 2021, comparte sus reflexiones con la Dra. Philomena Asante, líder de Diva Docs Boston, fundadora de la red Diva Docs Black Women MD Network y creadora de la serie Diva Docs para Coverage, que ha sido galardonada con el premio Digital Health Award.
Nací y crecí en el South Side de Chicago, donde vivía junto a mi padre, que vino de Nigeria en 1967, y mi madre, que es afroamericana y proviene de una familia de Luisiana.
Cuando tu familia es de África occidental, llegar a ser médica es el summum del éxito, y mi padre me motivó a estudiar medicina.
Pero la medicina no era lo que me interesaba cuando era una niña. Desde una edad muy temprana, advertí el devastador impacto que la segregación residencial ha tenido en ciudades como Chicago. Era muy evidente; se podían ver estructuras destruidas en los vecindarios de gente de color y luego, al avanzar solo una cuadra, todo era hermoso.
Cuando uno es pequeño, no se da cuenta. No lo comprende. Pero a medida que fui creciendo, quise entender. Al llegar a la universidad, me interesaron los estudios sobre urbanidad, sociología y ciencias políticas, y creí que me convertiría en una profesional académica, en socióloga.
Llegué a comprender que ser médica podía ayudarme a comprender más profundamente el contexto de las vidas de las personas, esa desigualdad que había visto de niña, y que eso era fundamental si realmente quería incidir en mis pacientes y en las comunidades donde residen.
Una carrera enfocada en la equidad
Cuando asistí a la Facultad de Medicina de Johns Hopkins, hice una rotación en un pabellón de enfermos de SIDA y pude ver la pobreza, el racismo, la discriminación y la homofobia en su punto más álgido. Los pacientes tenían acceso limitado a la atención y pocas visitas; además, la terapia antirretroviral no estaba ampliamente disponible.
Al mismo tiempo, trabajaba en la zona Este de Baltimore, donde había altos niveles de consumo de drogas y adicción a los opioides, junto con muchos fumaderos de crack.
En ninguno de estos lugares existía una comprensión del contexto general. De alguna manera, las adicciones y el VIH no eran la causa de las enfermedades de nuestros pacientes, sino más bien la manifestación de las verdaderas causas: imposibilidad de acceder al cuidado de la salud, estigmatización, trastornos de salud mental no tratados, racismo estructural.
Comencé a darme cuenta de que quería ser el tipo de médica que entiende estos problemas de mayor envergadura.
Los mentores y los patrocinadores eran fundamentales para ayudarme a desarrollarme profesionalmente en esa dirección. Los encontré haciéndome notar, haciéndome escuchar. Recomiendo eso a todos los jóvenes: compartan su propia visión del mundo. Su talento será apreciado.
Un mentor me sugirió que trabajara en Capitol Hill para sumar experiencia, así que hice una pasantía en la oficina del congresista Elijah Cummings, donde empecé a entender los matices de las políticas sanitarias y cómo la forma en que están organizadas atraviesa la experiencia que vive la gente a diario.
En ese momento lo comprendí. Quería una carrera que combinara la política sanitaria y la equidad en la salud, y me permitiera tener una conexión personal con los pacientes.

Hice una subespecialización en enfermedades infecciosas y trabajé en Sudáfrica, donde desarrollé programas de tratamiento del VIH, orientados a incrementar el acceso a la terapia antirretroviral para pacientes que residen en uno de los lugares con mayor evidencia de desigualdad del mundo entero. Esos cinco años se convirtieron en la experiencia más transformadora de mi vida.
Dirigí la Oficina de Programas Internacionales en la Facultad de Medicina de Harvard y luego lideré la labor orientada al tratamiento del VIH en 15 países, en calidad de asesora sénior junto a JSI, además de trabajar con Ministerios de Salud y misiones de USAD para garantizar que los fondos llegaran a sus respectivos destinos y que se ampliara el acceso al cuidado de la salud. Y una vez más, fue una experiencia transformadora, pero de una manera diferente. Pude ver los déficits. La sostenibilidad y la integración con los sistemas de salud locales no siempre se priorizaban. Estos conceptos son fundamentales si queremos logar la equidad en la salud.
Al volver a Harvard, comencé a dirigir el Community Engaged Research Program y a desarrollar programas comunitarios enfocados en incrementar el acceso al cuidado de la salud en Boston. Comencé a comprender las carencias en cuanto a asociaciones entre el ámbito académico y las organizaciones de salud públicas y privadas, y entendí que estábamos fallando al no integrar a las comunidades.
Esa es la experiencia que llevé conmigo cuando me incorporé a la Comisión de Salud Pública de Boston, durante la pandemia.
En nuestra lucha contra el COVID, aprender de lo vivido con el VIH es fundamental
Por ejemplo, el recelo y las falsas teorías conspirativas son factores clave, tal como lo fueron durante la pandemia del VIH. Vemos el recelo manifestado hacia la industria farmacéutica, el gobierno, las instituciones de cuidado de la salud, los tratamientos, la estrategia de prevención y las vacunas. Es una epidemia de desconfianza, y esto genera resultados deficientes. Estamos desarrollando intervenciones con base en evidencia, tales como, la capacitación de proveedores de cuidado de la salud en estrategias de comunicación, a fin de abordar los problemas relacionados con la renuencia a vacunarse.
No existe una solución sencilla, pero aquí, en Boston, seguimos viendo a miles de personas que se vacunan cada semana. Lo logramos llegando a las personas hasta el lugar donde se encuentran, animándoles, escuchándolas, mostrándonos abiertos y honestos sobre lo que sabemos y lo que no sabemos.
Tal como ocurrió con el VIH, estamos viendo de qué manera la intercesión de la comunidad se vuelve cada vez más importante. Recordemos que, durante los primeros años del VIH, fue un grupo de hombres homosexuales de la comunidad el que trabajó arduamente representando a todos los afectados y el que logró que los tratamientos iniciales fueran aprobados para su uso.
Actualmente, estamos viendo los mismos progresos con el COVID-19, gracias a organizaciones como Black Boston COVID Coalition y La Colaborativa que han surgido para impulsar la creación de políticas y garantizar a las comunidades el acceso al tratamiento.
También vemos los generadores estructurales de los resultados en cuanto a salud. Esto no es privativo del VIH o el COVID-19, pero, en el caso de ambas enfermedades, podemos ver los efectos fatales de la segregación residencial, el acceso limitado al cuidado de la salud y el estatus socioeconómico bajo.
Tomando en cuenta lo aprendido de esas experiencias, sabemos lo que debemos hacer para incrementar el acceso a las vacunas.
Necesitamos que las comunidades más afectadas se involucren en el proceso desde un principio.
Debemos permitirles que nos guíen.
Lo que todos podemos hacer para contribuir al fin de la pandemia
- Vacunarnos y aplicarnos el refuerzo. Y si usted ya tiene las vacunas y el refuerzo, impulse a sus conocidos que no estén vacunados ni tengan el refuerzo a aplicarse las vacunas correspondientes.
- A esta altura, muchos de los miembros de nuestra familia ya han sufrido el contagio. La inmunidad que genera el organismo naturalmente es importante. Sin embargo, el grado de inmunidad y su duración después del contagio pueden variar según la persona. La evidencia es clara: las vacunas junto con las dosis de refuerzo siguen siendo la estrategia más segura para evitar una enfermedad grave y la hospitalización como consecuencia de la infección por COVID-19. Es importante que sigamos respetando lo que dice la ciencia sobre este tema.
- Obtener información sanitaria fidedigna sobre mascarillas y pruebas de antígenos rápida para limitar la propagación, si debe ir a un lugar donde estará rodeado de personas no vacunadas, personas mayores o personas con un sistema inmunológico debilitado.
- Estar alerta. Comprendo que la gente está cansada, pero no podemos bajar la guardia ahora. Estamos entrando en nuestro tercer año de pandemia. El riesgo de contagio ha disminuido considerablemente. Sin embargo, hay muchas personas que siguen corriendo riesgo de enfermarse gravemente. No podemos, sencillamente, volver a la normalidad de siempre. El COVID llegó para quedarse.
Preparación para futuras pandemias
Necesitamos un sistema de salud pública más fuerte a fin de estar preparados para futuras emergencias, lo cual conlleva, entre otros aspectos, mejores sistemas de supervisión, investigación y evaluación.
El dinero que estamos gastando ahora debería considerarse una inversión a largo plazo, no gastos a corto plazo para tomar medidas temporales. Si estamos construyendo centros de vacunación y centros de pruebas, también deberíamos aprovechar esta oportunidad para ampliar la infraestructura de salud pública dentro de los vecindarios en los que vivimos. Necesitamos infraestructura que pueda mantenerse y ampliarse, de ser necesario, en lugar de vernos obligados a construir frente a cada situación.
Además, necesitamos alinear los diferentes sectores. Tenemos muchísima experiencia en este ámbito. Cuanto más trabajemos en conjunto y más datos y recursos compartamos entre hospitales, instituciones académicas, clínicas de salud comunitarias y organizaciones de salud pública, más nos fortaleceremos.

Grandes desafíos
Hoy en día, nos enfrentamos a profundas desigualdades en el ámbito del cuidado de la salud y es necesario que las abordemos de tal manera que logremos un cambio definitivo.
Por ejemplo, la esperanza de vida. La pandemia de COVID-19 ha acortado la esperanza de vida general por primera vez en la historia moderna de EE. UU., y sabemos que la población afroamericana y latina ha advertido una reducción mayor de la esperanza de vida, en comparación con la población de blancos.
Sea que hablemos de VIH, obesidad, diabetes, hipertensión o cardiopatías, la carga de morbilidad en la gente de color es muy significativa, la prevalencia es muchísimo mayor que en las personas blancas.
Es probable, con algo de suerte, que hayamos llegado a un punto de inflexión donde podremos advertir el racismo estructural y reconocerlo como el principal generador de estas disparidades.
Pero no podemos abordar el racismo estructural con solo mencionarlo. Debemos poder cuantificarlo.
Así es como desciframos qué tipo de intervenciones deberíamos hacer y si funcionarán o no.
El rol de una Comisión de Salud Pública
La Comisión de Salud Pública de Boston es el departamento de salud más antiguo del país. Su misión es promover, preservar y proteger el bienestar de los residentes de Boston, particularmente, el de aquellos que son más vulnerables.
Brindamos una gran cantidad de servicios a nuestra ciudad sin intermediarios. Boston EMS es el servicio de ambulancias de la ciudad. Nuestro Departamento de Servicios para Indigentes administra dos refugios. Tenemos un Departamento de Enfermedades Infecciosas y un Departamento de Iniciativas Comunitarias. Nuestro Departamento de Servicios de Recuperación sale a las calles para conectarse con la gente, trabaja en la disminución de daños y ofrece intercambio de agujas. Hemos implementado el programa "Healthy Baby, Healthy Child" a través de nuestro Departamento de Salud para el Niño, el Adolescente y la Familia, a fin de ofrecer cuidado maternal e infantil. Todo esto hace que la Comisión de Salud Pública de Boston sea única. Nos hace más fuertes.
Queremos generar cambios significativos, al tiempo que brindamos los servicios necesarios.
La comisión cuenta con una larga trayectoria en la implementación de programas para abordar la desigualdad, y muchos de mis colegas han dedicados sus carreras a esta labor. Sin embargo, sabemos que las mismas desigualdades existen desde hace décadas. Entonces, ¿qué es lo que no estamos viendo? ¿Qué funciona? ¿Qué no funciona? Fortaleceremos nuestra participación en la comunidad, optimizaremos nuestras investigaciones y nuestros programas de evaluación, y recurriremos a la informática para abordar la desigualdad en todo Boston.
Nuestro compromiso es abordar el racismo como una crisis de salud pública.
Yo sé, por experiencia propia, lo que se siente no poder triunfar debido al racismo, tener esa sensación de aplastamiento que otro genera.
Por ser la primera mujer afroamericana y la primera médica especialista en enfermedades infecciosas en dirigir la Comisión, una de mis principales metas es garantizar a las personas la posibilidad de desarrollar al máximo su potencial en carreras relacionadas con la salud pública aquí, en Boston. Tenemos muchísimo potencial, y quiero aprovecharlo.
¿Le resultó informativa esta columna?
Todo el contenido de Coverage se puede reimprimir gratis.
Lea más aquí.
FOTOS DE FAITH NINIVAGGI