15 de septiembre de 2022
Encontrar fortaleza en la vulnerabilidad
Coverage se enorgullece de publicar columnas que comparten la perspectiva de médicas afroamericanas pertenecientes a la red de Diva Docs del área metropolitana de Boston. La Dra. Aderonke Bamgbose Pederson, psiquiatra, directora de equidad en investigaciones en Clinical Trials Network and Institute en MGH y profesora adjunta de psiquiatría en Harvard Medical School, comparte hoy sus pensamientos con la Dra. Philomena Asante, líder de Diva Docs Boston, fundadora de Diva Docs Black Women MD Network y creadora de la galardonada serie Diva Docs para Coverage.
Crecí siendo una inmigrante nigeriana, la única mujer en una familia con tres hermanos y vi a mi mamá vivir el estereotipo de la mujer negra fuerte.
No tenía otra opción. Tenía cuatro hijos cuando mi papá murió. Era una inmigrante nueva en un país nuevo y no había tiempo para prestarle atención a su salud, y el acceso a la atención médica tampoco era sencillo.
Cuando obtuvo ayuda, y aún así seguía intentando trabajar y cuidar de su familia, tenía cáncer de pulmón en etapa 4 que había hecho metástasis en los huesos.
Esa fue una lección que todavía sigo aprendiendo todos los días. El costo de ser "la mujer negra fuerte" nos lastima, lastima a nuestras familias y, a veces, no podemos hacer nada, porque tenemos que comer y ganar dinero.
Si vamos a lograr la equidad en la atención médica, una de las cosas por las que tenemos que luchar es el tipo de acceso al cuidado que nos permita ser seres humanos en lugar de superhumanos
Yo también adopté un tipo particular de estereotipo de la mujer negra fuerte. A mis 17 años, mis hermanos y yo estábamos en un orfanato. Tenía un hermano menor que tenía 12 años, así que me convertí en mamá a temprana edad.
Cuando crecí, parte de mi bienestar psicológico tenía que ver con alejarme de eso y reconocer que perdí parte de mi infancia. No tiene sentido intentar remediar el pasado, siempre tenemos un futuro.
Elegir sanar
Siempre supe que quería seguir una carrera que me empoderara para marcar una diferencia. Y la encontré antes de graduarme, cuando me di cuenta que convertirme en médica me permitiría darles a las personas algo muy tangible: mejor atención médica, una mejor calidad de vida, mejores oportunidades.
La psiquiatría no fue mi primera elección. Por tener antecedentes de inmigrantes nigerianos, escuché: "¿Por qué harías eso? Eso no es medicina de verdad". O, "¿Cómo vas a ayudar de verdad a las personas con eso? ¿Por qué no solo rezas si te sientes triste?"
Pero valoré la psiquiatría desde que comencé a hacer cursos en la facultad de medicina y, durante mis prácticas profesionales, donde vi su impacto de primera mano. Me gustó el aspecto dinámico, que tenemos que adaptarnos y pensar de forma holística sobre nuestras opciones de tratamiento y lo que le estamos dando a cada paciente. Me gustó el hecho de que fuera un campo en evolución.

Encontré un camino como científica médica, al hacer buenas preguntas, destilarlas en objetivos de investigación alcanzables y traducir los hallazgos en formas prácticas de mejorar la salud en una comunidad.
Mi enfoque es el estigma de la salud mental. En todo el mundo, vemos diferencias en cómo se percibe la salud mental en comparación con la salud física. Por lo general, a los pacientes con diabetes o cáncer, por ejemplo, no se los culpa por sus enfermedades, mientras que los pacientes que luchan con un trastorno bipolar, ansiedad o esquizofrenia a menudo escuchan: "Bueno, ¿por qué no te haces cargo de tu situación? ¿por qué no sales de eso? Solo tienes que trabajar más duro y ser más fuerte". O los pacientes psiquiátricos pueden ser vistos como peligrosos, a pesar de años de investigación que demuestran que las personas con una enfermedad mental son más probables de ser víctimas de delitos que de ser perpetradores de ellos.
Observé el estigma a un nivel granular en mis interacciones con los pacientes en las guardias y también lo vi a una escala global: la forma en que abordamos la salud mental tiene una enorme desconexión de la forma en que consideramos nuestro bienestar físico. Y aún así nuestro bienestar mental puede afectar significativamente nuestro bienestar físico, incluso aumentar los riesgos de enfermedades, como diabetes, enfermedad cardíaca yaccidente cerebrovascular.
¿Cómo sabemos cuándo necesitamos ayuda?
Todos somos diferentes, pero hay señales de advertencia comunes.
- Cambios en los patrones de sueño, como dificultad para conciliar el sueño o dormir de más
- Cambios en el apetito o falta de interés en la comida
- Pérdida del interés en las personas y actividades
- Distracción
- Alejamiento de espacios para sociabilizar
- Concentración en pensamientos negativos
Es importante buscar ayuda a tiempo, porque cuando la depresión o la ansiedad u otros desafíos de salud mental empeoran, es posible que dejemos de ver cuánto nos están afectando. Contar con alguien (su PCP o un terapeuta) que nos controle regularmente, ya sea de forma semanal o mensual, puede ser muy útil.
En función de sus necesidades, puede consultar a un psiquiatra que puede recetar medicamentos u otros tratamientos, un psicólogo o trabajador social para hacer terapia o un practicante de enfermería especializado en psiquiatría, quien también puede recetar medicamentos y brindar asesoramiento.
¿Cómo podemos ayudar a un ser querido que está atravesando dificultades?
La vulnerabilidad ayuda a construir una cultura de seguridad. En lugar de decir "necesitas salir y buscar algo de ayuda", puedo acercarme a un amigo o familiar y decirle: "recuerdo cuando tenía problemas y recuerdo cuánto me ayudó hacer terapia". Al mostrarnos vulnerables y compartir nuestra experiencia, les damos lugar a otras personas para ser vulnerables y compartir.
Usamos mucho el término "resiliencia" en el cuidado de la salud mental, y creo que lo usamos de más, en particular para la comunidad negra. Es una forma de decir: "Puedes lidiar con el dolor y el sufrimiento". Hay estudios que demuestran que las personas perciben nuestra percepción del dolor de una manera distorsionada, una creencia de que la gente de color no sentimos dolor y, como resultado, no obtenemos el tratamiento que necesitamos.
Tenemos que ser conscientes de esto. "¿Estoy tratando de ser tan resiliente que ni siquiera me permito ver dónde tal vez necesite ayuda?" Podemos ayudar a nuestros seres queridos a pensar en eso también.

Las raíces de las desigualdades en la salud
Vemos desigualdades en el acceso debido a injusticias históricas y contemporáneas cuando se trata de la atención médica, incluso la atención de la salud mental. La American Psychiatric Association y la American Psychological Association han reconocido y se han disculpado por las injusticias perpetuadas en ciertas comunidades, incluida la comunidad negra en nuestro pasado no tan remoto. Todavía nos queda un largo camino para corregir esas injusticias.
También vemos una falta de diversidad racial y ética en la fuerza laboral de la salud mental.
Y vemos el estigma; "No quiero ser visto como alguien que está buscando atención de la salud mental".
Yo no puedo solucionar el problema del acceso. Y tampoco puedo solucionar la falta de diversidad en nuestra profesión. Pero hay una cosa que puedo ayudar a solucionar: dejar que el estigma de la enfermedad mental nos robe la posibilidad de obtener la atención que necesitamos. Si algo nos va a prohibir que recibamos atención, no dejemos que sea porque nos impusimos un estigma sobre nosotros mismos.
Tenemos que poder luchar contra nuestros propios sesgos y estigmas respecto de la atención de la salud mental, de modo que podamos romper las barreras que están dentro de nuestro poder para derribar y recibir ayuda, y crear un entorno que les permita a las próximas generaciones obtener la ayuda que se merecen.
Un derecho de recibir cuidado
La idea del hombre negro o la mujer negra fuerte a veces ha sido usada en nuestra contra. A veces la "resiliencia" se usa para indicar que no necesitamos o no merecemos el tipo de atención médica que reciben otras comunidades. Estos sesgos pueden exacerbarse cuando un médico está cansado o agotado. Al igual que los miembros de comunidades favorecidas, nos merecemos médicos que hacen todo lo posible para averiguar cómo apoyarnos y ayudarnos.
Como gente de color, parte del proceso de superación del estigma de la salud mental significa aceptar que está bien no ser siempre resiliente, no ser siempre un hombre negro o una mujer negra fuerte. Podemos permitirnos llorar o ser débiles. De lo contrario, nos quitamos la propia libertad y el derecho de recibir cuidado. Perdemos el derecho a sanar, a ser cuidados.
Somos fuertes, pero parte de nuestra fortaleza es que reconocemos aquello por lo que lucharon nuestros ancestros: poder acceder al mismo cuidado al que acceden todos los demás.
Eso incluye el derecho a cuidar de nosotros mismos.
El rol de los médicos
El racismo y la discriminación sistémica y estructural influyen en nuestro comportamiento como médicos y ser conscientes de nuestros propios sesgos implícitos y explícitos es importante. Hay herramientas que pueden ayudarnos a analizar los sesgos, pero es un proceso de toda la vida.
Es importante que como profesionales de atención médica seamos reflexivos y nos hagamos preguntas críticas: "¿Qué tipo de energía y tiempo les doy a los pacientes como yo en comparación con otros? ¿Asumo que una persona que proviene de una comunidad desatendida no necesita tanta ayuda porque está acostumbrada a sufrir?"
Los sesgos inconscientes influyen en nuestras prácticas al recetar, influyen en si derivamos a las personas a especialistas o a más servicios de ayuda, influyen en la energía que ponemos en nuestras interacciones. Contribuyen a las desigualdades en la salud.
Como médicos, para cumplir con nuestro juramento hipocrático, debemos superar esos sesgos y luchar por un acceso pleno a la atención médica para todos nuestros pacientes
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